Ernesto Ramirez – Arqueología Urbana

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En su serie Arqueología Urbana, Ernesto Ramírez ilumina todo aquello que el Distrito Federal produce, abandona y rechaza. Las latas aplastadas, las esquinas rotas y los murales desconchados forman parte de una escenografía nostálgica que –gracias a la mirada íntima de quien la retrata- transforma sus despojos en reveladoras piezas de información. Sandra Licona, una respetada periodista y a la vez esposa de Ramírez, traza un perfil cercano y preciso de este artista que, acompañado por una cámara antigua, rescata objetos y rincones del olvido.

Por Sandra Licona

Todos los días, un pedazo de la ciudad de México se convierte en chatarra. Pero el fotógrafo Ernesto Ramírez se refiere a estos despojos de un modo más piadoso: él habla de arqueología urbana. Los edificios, los autos, los objetos que desecha la gente y las mismas calles del Distrito Federal dejan de ser simplemente “restos” para transformarse, ante los ojos de Ernesto, en sobrevivientes y testigos de un pasado inmediato que se está volviendo historia.

Con la intención de dar voz a esta ciudad, que se manifiesta a través de los residuos que genera, Ernesto empezó a trabajar cinco años atrás en Arqueología urbana, un ensayo que ahora se presenta en Nuestra Mirada y que rescata una geografía de lo antiguo. Para formar este mapa íntimo y a la vez retro, Ernesto se dedicó a recorrer infinitamente la urbe y a dejarse sorprender por sus hallazgos (como una combi Volkswagen de los años sesenta o un viejo reloj en Coyoacán, uno de los barrios más viejos y turísticos de la ciudad). Y lo hizo siempre acompañado por una Holga de plástico, una cámara de alta precariedad tecnológica –que puede entenderse como un reto creativo en sí misma- por la que se filtra la luz sin afectar del todo la imagen.

Por la Holga también se filtra la mirada. Gracias a esta máquina, y a su particular forma de ver las cosas, Ernesto ha podido rescatar el rostro menos publicitario y más melancólico de la ciudad. Así logró encontrar vida –y lenguaje- en una esquina derruida, en una lata estampada en la calle, en un teléfono descolgado y en un árbol de navidad envuelto en plástico.

Sin embargo, el comienzo de esta búsqueda no se dio en la calle. Sucedió, por un lado, cuando Ernesto vio una nota periodística que destacaba la recuperación de basura en el legendario Lago de Chapultepec, y entendió que esos envases y objetos -que databan de las décadas de 1940 y 1950- tenían un valor histórico, a tal punto que luego fueron utilizados para una exposición. Y en segundo lugar, también tuvo su influencia el hallazgo de una lata incrustada en el asfalto, que con el paso del tiempo y los automóviles había adquirido la forma metafórica de una libélula metalizada. Ernesto nunca pudo capturar esa última imagen: cuando se lo propuso, habían cambiado la carpeta asfáltica y el “insecto”, literalmente, había volado. Con esa “no foto”, entendió que la ciudad era un organismo vivo e inasible. Un monstruo que él quería aprehender.

Obra y vida. Para Ernesto, de 42 años, la fotografía ha sido siempre, además de una forma de ganarse la vida, una manera de hablar. Arqueología Urbana no es, por tanto, su único trabajo de largo aliento. Ernesto también es autor de Cerca del Cielo, un proyecto que nació hace cinco años y que se basa en la idea de explorar el territorio de las azoteas en la Ciudad de México. Cerca del Cielo está conectado de múltiples maneras con Arqueología Urbana: por un lado, ambos proyectos se gestaron y desarrollaron casi a la par. Y por otro, las azoteas son entendidas por Ernesto como una extensión de las viviendas donde se arrumba o se aloja la nostálgica basura de lo que fuimos y no estamos dispuestos a abandonar. Aunque es un proyecto sólido en producción y concepto, aún no está concluido; tiene mucho futuro y terreno por explorar.

A lo largo de las décadas, en tanto daba forma y profundidad a sus trabajos más ambiciosos, Ernesto siempre trabajó en medios, principalmente en diarios y revistas de información general y  política. Tras iniciarse como fotógrafo estable en La Jornada –lo hizo en 1994, año de furor informativo debido al alzamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional- y pasar allí cinco años, recorrió infinidad de medios, entre ellos Milenio Semanal, El Independiente, LaRevista (que editó durante dos años El Universal), El Centro y El Periódico. A su vez, ha colaborado en algunos proyectos del colectivo Mondaphoto, cuyo trabajo se presenta también en Nuestra Mirada.

Y además de pasar por infinidad de redacciones, se empeñó en que toda su vida pasara por la lente de su cámara, incluido el amor por sus hijas, Camila y Emilia, quienes lo acompañan y alientan en la locura que es documentar esta ciudad: ambas suman ideas, proponen imágenes y colaboran con él como modelos espontáneas y anónimas.

Por estos motivos, y por otros más también, cada fotografía de Arqueología Urbana tiene un sentido muy personal. “Última Partida” describe “la violencia absurda en la ciudad, de qué otra manera puede explicarse cómo alguien fue capaz de destruir una mesa de concreto de un espacio público”; y “Fauna urbana” habla de cómo en una capital inmensa, el habitante se hace presente a través de una cabeza de venado en lo alto de un árbol.

Todas las fotos, a su vez, permiten entrever la rotunda presencia de Ernesto. Él ha incursionado con un particular estilo de trabajo en un documentalismo esencialmente de “calle”, creando, para este proyecto, su propio imaginario urbano: un marco que reencuadra la fachada de un viejo edificio que está a punto de ser remodelado, un espejo que devuelve y multiplica imágenes, graffitis hechos con navajas… Pareciera que Ernesto recompone lo encontrado para convertirlo en imagen, en “acción y voluntad”,  como escribió el curador Gustavo Prado en el catálogo que se hizo a propósito de esta serie.

Ernesto, en síntesis, recorre la ciudad con placer, con nostalgia, y con la esperanza de encontrar fantasmas urbanos y pequeñas ruinas, “cosas que el oleaje devolvió, investidas de un sentido nuevo y que anuncian el fin que todavía no ha llegado”, como bien dice nuestro amigo Héctor de Mauleón, cuando habla de la arqueología urbana que Ernesto ha retratado.

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No hay respuestas para “Ernesto Ramirez – Arqueología Urbana”

  1. Rita Garcia dice:

    Ernesto, tus fotos me parecen maravillosas, ademas tienes un sentido del humor tan "atinado", como aquella de nombre "DA" y todas tus fotografías son tan ricas y me refiero a la abundancia que reflejan ……Mi mas grande admiración respeto.

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