Jorge Sáenz – La costanera sur

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Fotos por Jorge Sáenz, Entrevista por Fredi Casco

Jorge Sáenz es un fotógrafo argentino que ha tenido una enorme influencia entre los fotoperiodistas de Latinoamérica. Es un profesional prolífico, editor de libros y revistas y docente en numerosos talleres. En Paraguay –donde se afincó hace muchos años- coordina Ojo Salvaje, el mes de la fotografía, y es el corresponsal de Associated Press. Allá, a su vez, ha realizado algunos de sus trabajos más conocidos, como éste sobre militares paraguayos publicado en la hermana revista Sueño de la Razón. Tuvimos la oportunidad de conversar con Jorge en su casa de Asunción sobre el ensayo que aquí publicamos: una cara poco común de la Costanera Sur, la reserva ecológica casi olvidada que se ha constituido en uno de los pocos –dañados- pulmones verdes de Buenos Aires.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un ensayo fotográfico sobre la Reserva? ¿Cuál era tu relación con ese lugar?

- La “Reserva Ecológica Costanera Sur” tiene su origen, paradójico, en los planes urbanísticos de la Dictadura Militar. Allí depositaba la Municipalidad de Buenos Aires los escombros provenientes de las demoliciones de manzanas enteras del casco histórico de Buenos Aires (1976-1982), para la construcción de las autopistas. Se fue depositando entre los restos y dragados el limo del Río de la Plata y, como una venganza de la naturaleza, dio origen a lo que hoy es una reserva ecológica de gran valor para los porteños. Mi ligazón personal con ese espacio es una combinación de varias razones de mi historia personal. Me crié muy cerca del río Lujan, un afluente del Delta del Paraná. Allí me enseñó a nadar mi padre y vivíamos a solo 700 metros de la costa; el río era siempre el lugar privilegiado, hablamos de la década del 60.

También tuve parientes un poco más arriba, en el Paraná Miní, a los que siempre visitaba en vacaciones de invierno. Luego, a fines de los 80, cuando volví de un exilio de 4 años en España, conocí la que hoy es la reserva, cuando era solo un amontonamiento de residuos. Pero fue en el 98, cuando regresaba de vivir 9 años en Paraguay,  que comencé a llevar los fines de semana a mis hijos, para caminar y dar paseos en bicicleta. Entre el  2001 y el 2002, mientras trabajaba como editor de la Revista 23 se me ocurrió este proyecto, de ir una vez por semana para hacer las fotos que aquí se muestran.

- ¿Cuales son tus recuerdos de niño en la Costanera?

- El Balneario Costanera Sur funcionó allí durante las primeras décadas del siglo XX, con asidua concurrencia de los porteños. Luego, con la colmatación del río y sobre todo con el desplazamiento del interés económico hacia la zona norte, este atractivo paseo quedó en manos del abandono, pero con un pasado glorioso, como lo confirma la existencia de la “Escuela de Escultura de Bellas Artes”, del “Museo de Calcos y Escultura Comparada” y el “Museo de Telecomunicaciones”[1].

- ¿Qué tipo de gente frecuentaba?

- Cuando yo lo conocí era más un lugar abandonado, marginal. Lugar de siesta y almuerzo, de choferes de camiones que sirven al puerto y también lugar de encuentros de la comunidad gay. Después del reconocimiento como Reserva empezó a recibir visitas frecuentes de familias enteras de orígenes diversos. Por ejemplo, hay grupos de habitantes de conventillos del centro y La Boca que acuden a darse un chapuzón en el río los días de mucho calor, actividad restringida por la contaminación de las aguas. Los domingos se llena de familias de clase media que acuden a hacer ejercicios, caminatas y bicicleta, pero durante la semana es mas bien poca la concurrencia.

- Evidentemente, durante los años de la Junta Militar, esos espacios adquirieron otros significados. ¿Esto afectó en algo tu percepción del espacio público?

- Sin duda, este tema recorrió mi pensamiento cuando desarrollé este ensayo, creo que en algunas imágenes la analogía es evidente.

- ¿Qué importancia tiene ese lugar para la ciudad?

- Todo espacio natural en una ciudad de estas dimensiones se vuelve de una importancia fundamental. Así es que hoy en día todavía es atacada con incendios provocados por intereses inmobiliarios, que no se contentan con haber llenado de enormes rascacielos la costa del río, también pretenden avanzar sobre la reserva misma.

- ¿Cuando fuiste a hacer las fotos que componen el ensayo, fuiste pensando en ese lugar como un espacio “verde”?

- Cuando comencé este ensayo, que finalmente duro un año, lo pensé simplemente como recreo para mi trabajo. Pasaba  los días trabajando como editor de fotografías en la revista que te había mencionado, y ese fue un cambio grande con respecto a mi trabajo anterior como fotógrafo. Entonces empecé a buscar vías donde canalizar mi trabajo fotográfico personal. Compré una cámara Fuji de formato medio (6 x 4.5 cm), por muy poco precio, dotada con un lente de calidad excepcional. Esto me estimuló mucho también. Me gusta usar un formato distinto para cada ensayo, este fue hecho con película diapositiva.

- Según veo en tus fotografías, más que una “reserva natural” funciona como una suerte de reserva de memoria. Es decir, ahí se encuentra parte de la historia de la ciudad como “resto”, incluso en el sentido que Walter Benjamín le daba al trabajo del historiador, como “arqueólogo y trapero de la memoria”. Pero al mismo tiempo es un lugar con mucha vida, no es un cementerio.

- El Río de la Plata fue la tumba de miles de los mejores activistas y militantes antidictatoriales, no lo puedo mirar de otra manera, como que yo también fui militante y preso, pero tuve la enorme suerte de sobrevivir e ir al exilio siendo muy joven. Lo paradójico de la historia es que la naturaleza haya invadido todo, dándole un nuevo significado a su existencia.

- Comenzás el ensayo mostrando un lugar casi bucólico, sin mucha presencia de actividad humana, pero luego, a medida que avanzás, va cambiando esa imagen.

- En ese entonces no me llevaba muy bien con la gente por eso decidí excluirla del ensayo. Después aparecieron un poco, pero no mucho. Mi fantasía es que cuando los seres humanos nos retiremos como especie del planeta, la naturaleza tendrá una nueva oportunidad, a pesar de todos los destrozos que queden, la vida se abrirá paso.

- Más bien a lo que me refiero es que hacia el final del ensayo vas mostrando la otra cara de la Reserva, digamos, la más cruda…

- El eje que guió la edición del comienzo del trabajo es, concientemente, una idealización de la fuerza de la naturaleza sin la presencia humana, a partir de la aparición del genero humano, comienza la degradación del medio y consecuentemente nuestra degradación también.

- Hace ya varios años dejaste Buenos Aires para regresar a Paraguay ¿Cómo la ves en la distancia?

- Extraño mucho esa ciudad y sus posibilidades, sobre todo a mis padres, hermanos y amigos que quedaron allí, a quienes veo muy de vez en cuando. Pero disfruto mucho de mi segunda casa, Paraguay me ha ofrecido mucho, personal y profesionalmente hablando. Tanto me he asimilado a este país, que cuando viajo a Buenos Aires me siento un poco extranjero.


[1] Las esculturas allí emplazadas: La “Fuente de las Nereidas”, conocida como la fuente de “Lola Mora”, la pérgola del viejo balneario, el monumento a Luis Viale, héroe del naufragio del vapor América frente a las costas de Buenos Aires, entre muchas otras.

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4 comentarios para “Jorge Sáenz – La costanera sur”

  1. Diego dice:

    fantastico jorgito, me encanto este ensayo tuyo

  2. Marcelo dice:

    Grande profe!! Excelente material!

  3. Dario dice:

    Muy bueno sr. En verdad bueno.

  4. Pepe dice:

    Jorge,me parece maravilloso tu trabajo.No deja de sorprenderme y alegrarme que sigas produciendo
    de una manera estimulante y reveladora. un abrazo

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