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Este ensayo fotográfico es parte de un libro delicioso que se acaba de publicar en Ecuador: Historias MÃnimas, De Ecuador a Tierra del Fuego. Karla e Iván, una muy talentosa pareja de fotógrafos -ella de Ecuador, él de California-, viajaron por tierra por todo el continente Sudamericano haciendo pequeñas historias fotográficas. En Buenos Aires conocieron a Cecilia y Meme y lograron -pese a que solo se quedaron una semana- adentrarse sicológicamente en su mundo obsesivo y apasionado.
Durante el viaje publicaron sus fotografÃas y textos en un blog. El comentario poético a continuación del artÃculo de Iván, fue publicado por Cecilia apenas vió sus imágenes subidas al internet.
Ojalá en el futuro cercano podamos compartir con ustedes en Nuestra Mirada otras historias mÃnimas de Karla e Iván.
Texto por Ivan Kashinsky, fotos por Ivan Kashinsky y Karla Gachet
Traducido del inglés por MarÃa Amelia Espinosa
No estaba claro si eran amantes o simplemente amigos. Sospecho que ni siquiera ellos lo sabÃan. Sus cuerpos entrelazados irradiaban quÃmica, que se extendÃa sobre la multitud en olas tangibles. Ceci y Meme eran como el ying y el yang. Ceci era una tormenta de incontrolable y violenta pasión. Meme era el ancla que la sostenÃa e impedÃa que volara fuera del escenario. Bailar tango era su vida. Bailaban el dÃa entero para turistas y en la noche en milongas, o clubes de tango dispersos por todo Buenos Aires, la ciudad que nunca duerme. –“Dormiré cuando esté muerto.â€, me dijo Meme.
Ceci se sentÃa en casa en las milongas. Sus abuelos comenzaron a llevarla a los clubes desde que tenÃa catorce años. Un tanto joven, admite. Los bailarines mayores la tomaron bajo sus alas y le mostraron los códigos secretos. El relajante ritmo de los bailarines calmaba sus nervios; ella vivÃa para la mágica sensación de bailar Tango. Meme solÃa ir a discotecas, pero dejó ese estilo por los clubes de tango. “Allà no tenÃas que empujar para obtener una bebida, los guardias de seguridad no eran necesarios y la noche nunca terminaba en una peleaâ€. A Ceci le encantaba improvisar, y Meme era el compañero perfecto, permitiéndole expresar su yo interior a través de sus movimientos y dando inicio al diálogo entre sus cuerpos.
Supuestamente, el Tango nació en los burdeles del área portuaria en el RÃo de la Plata, hacia el final del siglo diecinueve. Se lo practicaba en los cabarets de “El Caminitoâ€, calle pequeña en que Ceci y Meme bailan ahora para los turistas. La gente de Buenos Aires despreció el tango hasta su auge en los años cuarenta. Después, la necesidad por el rock n’ roll reemplazó completamente al baile tradicional, hasta que se volvió popular nuevamente en los ochentas. Asà se saltó una generación; a Meme le enseñaron a bailar tango sus abuelos. Ahora las milongas están llenas de gente de todas las edades moviéndose apasionadamente de un lado a otro en la pista de baile, bajo tenues luces de color.
Me agarré firmemente a la espalda de Meme mientras acelerábamos entre el tráfico de la autopista. -“¿Has tenido alguna vez un accidente?â€, grité nerviosamente en su oÃdo.
-“Sólo cuatro vecesâ€, respondió, -“pero ninguna de ellas fue por culpa mÃa.†Ãbamos camino al gimnasio, en donde le gustaba despejar su mente entre el trabajo y los clubes de baile. En Argentina, es costumbre que los hombres besen a otros hombres en la mejilla cuando se los presenta, asà que pasé la siguiente media hora besando hombres sudados.
De vuelta en casa de su padre, Meme ayudó a su hermana pequeña, RocÃo, con sus pasos de baile. El papá de Meme, Manuel, cocinó tortillas de papa y carne y se quejó de la economÃa, de que los tiempos eran difÃciles. Paseé por el cuarto de Meme y me di cuenta de que apenas dejaba la adolescencia. En las paredes estaban prendidos afiches de tamaño real de los Simpsons junto con Bob Marley. Después me explicó que cuando era un adolescente era una mezcla de “Rollinga†y “Rastaâ€. Eso significa que les gustaban los Rolling Stones y el reggae.
Volvimos a la milonga, donde nos encontramos con Ceci y el resto de los bailarines de “El Caminitoâ€. Meme comenzó a besarse con otra bailarina del grupo y Ceci pretendió no estar celosa. A las dos de la mañana, una pareja famosa apareció para bailar. Misteriosamente caminaron en puntillas de un lado al otro de la pista, como vampiros de otro tiempo. La presentación terminó y la noche apenas comenzaba. Caminamos las calles vacÃas de Buenos Aires, cantando, bailando y riendo con los amigos de Meme. Todo el grupo de bailarines era extremadamente sexual y las lÃneas entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad eran borrosas, si acaso existÃan.
Al dÃa siguiente, Ceci y Meme bailaron con loca pasión. Los turistas se llenaron de comida excesivamente cara mientras la pareja flotaba más allá de los sonidos de la guitarra y el acordeón. Después, en un baño trasero del restaurante, contaron sus propinas en el piso. Enseguida nos dirigimos a la casa de Ceci con el equipo. Saltando de un bus a un tren a un taxi, llegamos finalmente a la casa de sus padres, en un barrio rico de la periferia de Buenos Aires.
Ceci, sus amigos, sus padres, su hermano de catorce años y sus amigos, y nosotros dos, nos sentamos y comimos salchichas y bebimos vino en un bello jardÃn. Discutimos sobre todo, desde polÃtica a piraterÃa de música, hasta las cuatro de la mañana. Al dÃa siguiente vi a Ceci envuelta en los brazos de Meme. El sol de la mañana se deslizó a través de las persianas, bañando sus hermosos rostros jóvenes con un tono dorado. Me llevó de vuelta a lo que me dijo Ceci: -“Soy naturalmente impulsiva, desorganizada y demasiado sensible. Meme es más relajado. Cuando ambos nos moldeamos para hacer un todo, somos mucho más fuertes que cuando estamos solos.â€
Karla, Ivan:
Lei la historia el sabado, apenas me entere de que la habian subido.
No pude comentar, porque casi no pude hablar por un buen rato. Ni dejar de llorar.
Ahora mismo se me esta complicando, porque las palabras se me escapan. Como un intento de aproximacion, intento un: “¿porque tanta magia?â€
Nuestra vida, en clave surreal: desbordante de colores brillantes, de cuerpos dialogicos, de energia que sale por los zapatos rotos y por los poros.
Todas imagenes cargadas de musica y de llanto y
de amor y de enojo y de cansancio y de tango.
Nuestra juventud, y nuestro desconcierto ante una vida enorme. Y una pasion que es como un vicio.
Despues de ver sus imagenes, vuelvo a la pregunta de siempre, la que a veces no me deja dormir de noche: ¿porque bailar?
Y la respuesta hoy, por suerte y gracias a ustedes, es mas infinita que nunca:
Bailar para vivir.
Bailar para comer.
Bailar con los ojos bien cerrados, en todos lados, a toda hora.
Bailar hasta sangrar, por dentro, por los pies. Bailar por placer y por el placer y para dar placer. Bailar para mostrarte, para mostrar tu cuerpo (como un discurso, como una bandera: bailo porque soy,porque estoy, ahora mismo)
Bailar para que te admiren y para que te detesten y para que te amen.
Bailar para callarte, para decir, para entender todo lo que te estimula y te desconcierta.
Bailar para saber quien sos.
Bailar para no morir.
Si alguna vez yo supuse que la fotografia es un lenguaje delicioso, ustedes lograron convencerme: todo lo que somos, todo lo que hacemos, toda nuestra rutina y nuestros secretos, todo lo que gritamos y lo que escondemos, todo lo que ustedes vieron, lo que consturimos juntos…todo se mezclo magicamente en diez imagenes perfectas de tan vividas.
Y ustedes…Queda clarisimo que por mas duro que lo intenten, no se puede dividir el documentar del vivir: Los extraño mucho. Los admiro mucho.
Con todo el amor que les tengo,
Ceci.
Etiquetas: Buenos Aires, cultura, vida cotidiana
