FotografÃa y texto por MartÃn Acosta
Son apenas noventa y tres. Noventa y tres de cuatrocientos. Noventa y tres niños recuperados, cuatrocientos niños desaparecidos. Sólo un puñado, un puñado que muestra, que grita, que niega que la sangre se pueda borrar.
Ellos, los noventa y tres niños recuperados del plan siniestro con que la dictadura militar quiso aniquilarles su identidad, muestran que no todo puede ocultarse, que no todo puede hacerse desaparecer.
Fueron más de cuatrocientos los bebés que desaparecieron durante el régimen militar instaurado el 24 de marzo de 1976. La mayorÃa de ellos fue secuestrado junto a sus padres o nació en alguno de los centros clandestinos de detención. Hasta el dÃa de hoy se pudieron localizar a noventa y tres de ellos, gracias a la incasable lucha de sus familias y el apoyo de las Abuelas de Plaza de Mayo. Algunos fueron entregados en adopción a familias que desconocÃan su verdadera identidad, o simplemente abandonados. Otros fueron apropiados por los mismos secuestradores de sus padres. Pero lo que se intentó en todos los casos fue borrar su identidad, las huellas de su sangre. Que jamas puedan ser como sus padres.
Comencé a fotografiar a esos niños, hoy hombres y mujeres, en agosto de 2001. Quise retratarlos junto al familiar que trabajó durante años en ese proceso de búsqueda y recuperación. Para mÃ, la unión de estas dos personas en una sola imagen representa el fracaso de la polÃtica del miedo que la dictadura militar quiso imponer. Estas fotos intentan mostrar que el quiebre y la disolución de los lazos familiares por medio del ocultamiento y la mentira no pudo imponerse porque también existió la perseverancia de sus familias y de ellos mismos cuando fueron creciendo.
Al incluir una reproducción de una fotografÃa de sus padres desaparecidos. Las dos imágenes se convierten en una unidad donde se encuentra el presente con el pasado, en definitiva la esencia de lo que es la fotografÃa: el haber sido y el ser en una misma cosa. El texto nos cuenta quienes son, que les paso y como llegaron a ser quienes son hoy.
Los tres elementos: El texto, la foto del presente y la foto del pasado, cierran un triptico que encierra parte de nuestra historia.
Elena Gallinari
“Justo a mà me tiene que pasar estoâ€. Elena tenÃa diez años y pensaba en eso cuando la jueza le explicaba que era hija de desaparecidos y que sus padres no eran sus padres si no quienes la habÃan robado y apropiado al llevársela desde un Centro Clandestino de Detención en donde ella habÃa nacido.

MarÃa Abinet, secuestrada el 16 de septiembre de 1976.
Ese dÃa de abril de 1987 habÃa terminado para siempre la vida normal de escuela de barrio en City Bell y fin de semana en el club policial que le habÃa armado el Subcomisario de la policÃa bonaerense Domingo Luis Madrid.
Elena tomó las cosas con asombrosa naturalidad e inmediatamente aceptó a su familia. Ella querÃa quedarse con su abuela Leonor pero la familia resolvió que viviera en Bella Vista con el tÃo Guillermo y sus primos. La abuela vivÃa sola en La Rioja desde que fue liberada tras pasar tres dÃas secuestrada junto a su hija MarÃa.
Elena se acomodó rápidamente a la vida de pueblo de Bella Vista donde terminó sus estudios.
De su padre supo poco. Que fue secuestrado, liberado, secuestrado nuevamente y después fusilado. Sus restos fueron localizados en el cementerio de Moreno. De su madre absolutamente nada. Continúa desparecida desde el 16 de septiembre de 1976. Dió a luz a una niña en algún lugar desconocido del territorio bonaerense dos meses después de haber sido detenida.

Bella Vista, Buenos Aires, 25 de julio de 2001: Elena Gallinari y su tÃo Guillermo Abinet.
Gabriel Cevasco
“A mà me robaron, yo nacà de nuevo el 25 de octubre de 2000†dice Gabriel, quien en ese entonces se llamaba Ramiro. MarÃa, Su mamá, está desaparecida desde el 11 de enero de 1977.
Ser desaparecido en la Argentina es no estar más, no existir más, no ser más.
Conocà a Adriana en mi primera visita a Abuelas de Plaza de Mayo, cuando fui a pedir ayuda para mi proyecto. Yo estaba justo analizando los posibles casos a fotografiar cuando entró ella y dijo “¡qué están haciendo con mi nene!â€

Poco conoce Adriana de lo que pasó. Nada conoce Gabriel de lo que pasó. Poco sabemos nosotros acerca de lo que pasó.
MarÃa era militante del PRT – ERP y psicóloga. Trabajaba en una fábrica y la secuestraron a la salida mientras esperaba el colectivo. Enrique, el papá de Gabriel, fue quien avisó a la familia que MarÃa habÃa sido secuestrada. Ahora vive en Brasil.
Gabriel terminó en Pergamino, con familia sustituta y ansias de saber quién fue.
Se acercó a la religión y después a Abuelas. El análisis de ADN le confirmó quién era y de dónde venÃa. Hoy empieza a construir quien será.

Lobos, Buenos Aires, 20 de octubre de 2001: Gabriel Cevasco y su tÃa Adriana Leiva.
Humberto Colautti

Elda Francisetti, secuestrada el 23 de mayo de 1977. Humberto Colautti, secuestrado el 23 de mayo de 1977.
Humberto no se acuerda nada. Todo lo que sabe se lo contaron su abuela o su padre. No recuerda el secuestro, ni lo que pasó antes. Su memoria sólo registra imágenes dentro de una furgoneta con su mamá sentada al lado. Estaba rodeada de policÃas. Pero Humberto no sabe si es verdad o un sueño.
El 23 de mayo de 1977 en Morón, fueron secuestrados Humberto, de dos años, su hermana NoemÃ, de ocho meses, Elda, su madre, y su pareja, el papá de la nena. Los chicos fueron entregados a un sastre militar, familiar de NoemÃ.
Humberto se confunde, le cuesta recordar datos precisos. Desde aquel dÃa, para él y su hermana, esa fue su nueva familia. Dejó de llamarse Humberto para ser Alejandro Ferri.
Renato, el padre de Humberto, supo que tenÃa un hijo cuando era un preso polÃtico. Recién en 1983, cuando fue liberado, pudo comenzar a buscarlo.
Como en casi todos los casos, Humberto se enteró de repente que ese tipo que tenÃa delante era su padre. Noemà también recuperó su identidad y vive con el hermano de su padre.

San Lorenzo, Salta, 2 de noviembre de 2001: Humberto Colautti con su padre Renato Colautti y su perro Yuyo.
Jorgelina Planas
Damián es duro, pero se nota que ama a su hermana. Jorgelina-Carolina es expresiva, afectuosa, lo ama.

Cristina Planas, secuestrada el 15 de mayo de 1977.
Cuando Jorgelina-Carolina tenÃa 15 años, Damián viajó a Buenos Aires para buscar a su hermana.
Cristina era la madre de ambos. Cuando la secuestraron en mayo de 1977, vivÃa en Lomas de Zamora con su hija y una señora que la cuidaba. Pero un dÃa Cristina se fue y Jorgelina-Carolina nunca mas supo de ella.
Jorgelina-Carolina fue entregada a un orfanato donde la adoptó una familia. Con ellos vivÃa cuando Damián fue a buscarla para decirle que era su hermano. Ella le cerró la puerta en la cara.
Pasaron muchos años y muchos momentos difÃciles en su relación para llegar a estar como se ven en las fotos.
Después de varios años, cuando ya habÃa ingresado al noviciado, Jorgelina-Carolina le envió una carta a Damián para, lentamente, reencontrarse con su pasado. Asà supo que su madre era de Paraná, que tienen distintos padres, que el papá de ella era un guerrillero del ERP y que lo mataron en Catamarca, en 1974.
Jorgelina-Carolina quiere saber más cosas de su pasado. Ya visitó el orfanato donde la dejaron y está buscando a la señora que la cuidaba. Ella es valiente y está queriendo definir quién es ahora y quién fue antes. Dejó el noviciado y ahora tiene un marido y dos hijos.

Paraná, Entre RÃos, 20 de julio de 2002, Jorgelina Planas (Carolina Sala), y su hermano Damián Sarrabayrrouse.
Juan Cabandié

Damián Cabandié, secuestrado el 23 de noviembre de 1977. Alicia AlfonsÃn, secuestrada el 23 de noviembre de 1977.
Juan Cabandié nació en marzo de 1978 en el Centro de Detención Clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada. Sus padres, Damián Cabandié y Alicia AlfonsÃn, eran militantes de Montoneros y fueron secuestrados de su casa en la calle SolÃs al 600 y estuvieron prisioneros en el Banco y el Atlético. Alicia estaba embarazada de cinco meses y medio y fue trasladada a la ESMA para dar a luz. Hasta el dÃa de hoy Damián y Alicia continúan desparecidos.
“ Yo nacà aquà adentro. Bastaron los quince dÃas que mi mamá me amantó y nombro aquÃ, para que yo les dijera a mis amigos, antes de saber quien era mi familia, antes de saber mi historia, que yo querÃa llamarme Juanâ€. Esas fueron las palabras de Juan, en un acto masivo frente a la ESMA el 24 de marzo de 2004, cuando ya sabÃa que era Juan. Hasta hacia pocos meses atrás seguÃa llamándose Mariano, como lo habÃa bautizado LuÃs Falco, el agente de inteligencia de la PolicÃa Federal que lo habÃa apropiado.
“ Con la identidad falseada uno no puede construir mucho, siempre falta algo. Uno busca algo y no sabe que es lo que buscaâ€.

Ciudad de Buenos Aires, 5 de febrero de 2005: Juan Cabandié y su abuela Yole Oppezzo.
Laura Jotar
“Estábamos en una plaza. Mi mamá se fue caminando hacia unos tipos. Le pusieron una capucha y la subieron a un auto. Lo hizo para que no nos secuestraran. Me lo contó mi hermana, yo tenÃa seis meses, Tatiana tres años pero se acuerdaâ€.

Alberto Jotar, secuestrado octubre de 1977.
Las entregaron a distintas familias pero el destino las juntó en un mismo hogar. Secuestradas juntas, separadas en distintos orfanatos, adoptadas separadas y vueltas a juntar en una misma familia.
“En mi familia a las mujeres se las llamó Laura. Mis padres me bautizaron Mara. Pero Tatiana dijo: Mi hermana se llama Laura. Por eso soy Laura Malena. Me gusta, a mi hija la voy a llamar Lauraâ€.
En 1980, las abuelas descubren el caso y acuerdan un régimen de visitas con la familia adoptiva. Ellos cumplen un rol muy importante para contener a las chicas. Pero para Laura-Mara todo fue muy duro, y se le nota.
El dÃa que tomamos las fotos en la casa de su tÃa en Berisso, Mara se puso mal. Se angustió mucho y movÃa sus manos con mucha tensión. Le cuesta esa etapa de su vida.
Laura-Mara siente devoción por su padre, profesor de educación fÃsica y boxeador. Se impresiona con una foto de él en la escuela donde detrás se ve un cuadro del 25 de mayo que tiene unos dibujos con unas mujeres con pañuelos blancos.

La Plata, Buenos Aires, 9 de agosto de 2001: Laura Jotar (Mara Laura Sfiligoy) y su tÃa Susana Jotar, 48 años.
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Etiquetas: Buenos Aires, derechos humanos, polÃtica, retrato

Exelente trabajo. Cautivador y lleno de nostalgia y esperanza…
Muy impresionante! Gracias por mostrar este trabajo.
muy buen post, pues renato colautti es el rector de mi escuela ahora, no es broma, es enserio, el conto una vez su historia en nuestro colegio creo.
Hola omar, tu dices que renato colautti lo conoces, yo lo conoci de joven cuando estudiaba en cordoba y quisiera verlo , quizas no se acuerde de mi pero viendonos quizas si , yo tengo 67 años y me alegraria verlo otra vez, por favor si pudieras darme su direccion o ponerme en contacto con el te lo agradeceria . piolin
menos mal que los van encontrando,pero fltan muchos mas ojala alguien hablara y nos contara la verdad de todo .La verdad acerca de los traslados desde mendoza a la esma por ejemplo y a que y cuantas embarazadas vio mi abuelo cuando estuvo secuestrado o que final tivo mi tio omar masera pincolini en la esma . desde aqui con gran afecto y mucho enetrgia para que puedan seguir localizando niños desaparecidos .
Plasmar las imagenes del presente, para no olvidar que las bestias que han causado tanto daño, se pudran dentro. Que no se mezclen con los corazónes que han sufrido tanta ausencia. Ni olvido ni perdon! juicio y castigo a los genocidas!!!
yo soy susana jotar la tia de mara. recuerdo el dia de la foto al lado del roble que planto mi hermano poco antes de desaparecer.
emocionante trabajo