Daniela Edburg – Muerte Glamourosa

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A lo largo de seis años, Daniela Edburg se dedicó a retratar mujeres asesinadas –o casi- por algún objeto de consumo. El resultado es Muerte Glamorosa: una serie alegre, estridente y aguda donde la autora –egresada de la carrera de Artes Plásticas y relativamente nueva en el mundo de la fotografía- nombra sin concesiones, y con una actitud rabiosamente pop, al mayor tabú del mundo occidental.

La muerte y las doncellas

Fotos por Daniela Edburg, artículo por Josefina Licitra

“¿Cómo te gustaría morir?â€

Con su voz de niña –su voz dulcemente trenzada- Daniela Edburg hizo esta pregunta a todas sus amigas. No era una cuestión de morbo. Era, más bien, el comienzo de una búsqueda: era el año 2001, Daniela era estudiante de Artes Visuales y debía hacer su tesis de licenciatura. Se le ocurrió, entonces, pensar en el final y nombrarlo de un modo inolvidable. Así nació Muerte Glamourosa, una serie de retratos sobre las fantasías –propias y ajenas- que pudieran existir sobre el último momento.

- De todas las respuestas que me dieron, la que más me sorprendió es la de mi amiga María José. Ella tiene fobia a las frutas y las verduras y aparte es súper fan de Hitchcock. Entonces nos sentamos a platicar en su casa, y ella me contó que una vez llegó un amigo suyo comiendo un plátano y que no pudo abrirle la puerta del asco que le dio. Luego vi la película Los Pájaros, y ahí salió la inspiración.

La foto, titulada “Muerte por plátanosâ€, muestra una mujer que está siendo atacada por un aluvión de, sí, plátanos asesinos. Pero esta ni siquiera es la imagen más absurda. En la serie pueden verse una señorita inerte sobre la tapa del horno (“Muerte por pastelâ€, un homenaje a Sylvia Plath); un cuerpo flotando en las aguas de una piscina (“Muerte por salvavidasâ€); una chica en día de pic-nic invadida por un batallón de gummy bears (“Muerte por gummy bearsâ€); otra con la nariz sangrante luego de esnifarse varias rayas de endulzante artificial (“Muerte por endulzante artificialâ€), y –en síntesis- un sinfín de mujeres sometidas escabrosamente a la concreción del propio deseo.

El trabajo de Daniela, que empezó en el 2001 como parte de una tesis, terminó en el 2007 como parte de una obsesión. Durante seis años, como un hada tremenda y de cabellos salvajes –Daniela se los ha teñido, por épocas, de azul eléctrico y magenta-, se dedicó a hacer realidad las fantasías tanáticas personales y también colectivas. El resultado es una serie de retratos que nombran alegre y maliciosamente todas las posibilidades de la muerte pop.

- Las fotos son muy coloridas. Primero, porque en México el tema de la muerte no es tan tabú, está bastante aceptado y se presta a mucha broma. Y en segundo lugar, porque me siento mucho más cómoda trabajando en color. Nunca se me ocurriría hacer una foto en blanco y negro. Durante toda la carrera mi especialidad fue pintura, y dentro de eso estaban el color y la composición. Llegado el momento de hacer mi tesis, no pude hacerla en pintura por mi falta de talento dibujando, por eso decidí hacerla usando la fotografía.

Hasta el 2001, la fotografía no formaba parte de los planes de Daniela. Su sueño, desde pequeña, era el de ser escritora. Luego creció y sus padres fueron claros respecto de su formación profesional: “¿Filosofía y Letras? Ni se te ocurra†le dijeron. Así fue como Daniela entró en la carrera de Periodismo, que ofrecía cierto futuro laboral. De San Miguel de Allende, su pago, se fue a estudiar al Distrito Federal. Con ese viaje llegó el desencanto.

- La carrera me chocó. Era todo lo contrario a lo que a mí me gustaba hacer. Hablaban de objetividad, veracidad, ¡qué horror! Creo que por esa misma frustración me fui a buscar una carrera donde pudiera hacer lo que se me antojara.

Daniela se anotó en la Academia de San Carlos, dependiente de la Universidad Nacional de México (UNAM). En ese entonces, su relación con la fotografía consistía en tomar detalles cuando viajaba: una mancha de café en la mesa, esa clase de cosas. Hasta que llegó el día de la tesis final. Y ése fue el día del comienzo.

- Ahí entendí que la mejor manera de hacer lo que realmente me estaba imaginando era el uso de la imagen fotográfica. Después de eso, me di cuenta de que con las fotografías realmente yo podía construir casi a la perfección aquello que estaba visualizando. Me refiero a esa clase de fotos que están más en la línea de la pintura, y cuya creación viene completamente de la cabeza del artista.

Lo que Daniela guarda en su cabeza –de una, de mil maneras distintas- es su fanatismo por los cuerpos inertes. Arrumbados, lívidos, sensuales: ahí están ellos, muriéndose o a punto de morirse, poniendo en escena una esplendorosa decadencia.

- Tengo una fascinación por la muerte. Creo que es una situación extrema desde la cual puedo hablar de muchos otros temas que me interesan. Por ejemplo, de la naturaleza humana. Creo que nuestra noción de la muerte define mucho nuestra forma de estar en el mundo. Es por esa conciencia que transformamos todo, que intentamos dejar huella, que queremos ser tan creativos, ¿no? Y también es por eso que podemos autodestruirnos… Hemos creado todo un mundo artificial, y creo que eso viene de nuestra noción de muerte. Somos como somos porque la muerte está con nosotros.

- Lo curioso es que en muchas de tus muertes las mujeres se ven felices. ¿Por qué decidiste mostrar esa idea utópica y tranquilizadora?

- Supongo que quería hablar de la idea de entregarse al placer sin importar las consecuencias. Es cierto que es algo medio utópico y fantasioso, pero me parece una excelente manera de estar en el mundo.

– Otro tema muy presente en estas muertes es el consumo: muchas mujeres son asesinadas por los productos del marketing. En ese sentido, las fotos invitan también a la lectura ideológica…

- Lo sé. La serie tuvo todo tipo de interpretaciones que no son mías. Se habló de la sociedad de consumo, de los trastornos alimenticios… Un chorro de cosas. Pero en su momento, cuando pensé los retratos, no pensé en hacer crítica social ni nada parecido, sino en recrear una manera propia de estar en el mundo. Hay mujeres que son víctimas de su propia compulsión y también hay otras víctimas de las circunstancias, de situaciones que quedan fuera de control. Yo también quería hablar de eso.

Los trabajos de Daniela –nacida en Houston en 1975- fueron exhibidos en museos y centros de arte de Madrid, San Pablo, Buenos Aires, Santiago, Moscú, Barcelona, París y –desde ya- el Distrito Federal. En todos los casos, las exposiciones no sólo han mostrado las fotografías de Muerte Glamourosa, sino también otras imágenes pertenecientes a Matando el tiempo y Lo que queda del día, dos series que –una vez más- se mueven alegremente en los confines del morbo.

Para llevar a cabo todos estos trabajos, Daniela se valió de gente conocida.

- Empecé trabajando con amigas porque no tenía recursos para hacerlo de otra manera, y luego se volvió una dinámica de trabajo que me gustó. Desde entonces, sólo trabajo así. No me gusta hacerlo con gente que no conozco. Siento que el proyecto se vuelve mucho más rico cuando la foto tiene una carga que va más allá de la imagen misma.

- ¿Y tus amigas cómo reaccionan ante tus propuestas?

- Bueno, pues muy bien. Es divertido y es sencillo, porque, digamos, no requiere muchas habilidades de actuación, ¿no? Ellas sólo tienen que estar… muertas.

Y no hay nada más fácil que morirse, dice Daniela. Y –de acuerdo con sus fotos- tampoco hay nada más encantador.

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No hay respuestas para “Daniela Edburg – Muerte Glamourosa”

  1. @tzu_caraza dice:

    Hola que tal,
    mas que nada quiero felicitar a Daniela por el trabajo que ha hecho, me parece exquisito. Los temas tratados en las imagenes son precisos al mostrarlos en ésta propuesta.

    Felicidades!!!

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