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En vez de retratar márgenes y submundos, decidió girar la lente y documentar un territorio poco explorado por la fotografia: el de las clases acomodadas. Así nació Diario DeAntes. 1996-2003, un ensayo que narra los días –encendidos, tristes, aburridos: normales- de un grupo de amigos chilangos entre los que está Dante Busquets: el dueño de la idea y de la cámara. El artista que, con iguales dosis de curiosidad y cuidado, descorrió el velo que normalmente resguarda a los jóvenes adinerados de la Ciudad de México.
Por Josefina Licitra
Dante Busquets está en sus fotos. Literalmente: está en sus fotos.
Es él quien abraza a una mujer desnuda y frunce el ceño y quizás llora (arriba). La imagen se titula “Cortando” y eso es lo que se ve: Dante terminando una relación amorosa.

De la serie “Diario DeAntes”. La última para el recuerdo. © Dante Busquets,
También es Dante quien mira a la cámara junto a su chica de entonces. Es un primer plano, pero puede intuirse que ambos están desnudos. Los rostros: secos. La foto se titula “La última para el recuerdo”.
- Estábamos terminando con mi novia –explica Dante, como si hiciera falta explicar algo-. Fue un momento muy duro y muy íntimo.
Dante tomó esas fotos hace ya diez años, en el marco de un trabajo mayor en el que decidió retratar no sólo su vida, sino principalmente la vida de su grupo de pertenencia: la clase media alta. A través de un prisma verdadero y frágil, los amigos y familiares de Dante –y Dante mismo- empezaron a mostrarse sin máscaras.
- Decidí incluirme en el ensayo porque si no lo hacía me parecía que estaba utilizando a las personas, explotando los sentimientos de los otros. Lo cierto es que yo también era parte de ese grupo. Si la idea era mostrar una intimidad delicada, me parecía honesto trabajar también conmigo.
- ¿Qué elementos de la intimidad querías mostrar?
- Los más reales. A pesar de que tal vez la nuestra es una vida económicamente acomodada, pues todos tenemos problemas y todos tenemos momentos en los que somos frágiles y débiles y felices y aburridos.
Y eso, dice Dante -la trivialidad más expresiva-, es lo que normalmente no se muestra. Y eso, agrega Dante, es lo que él está empeñado en mostrar. “A lo largo de mi trayectoria como fotógrafo, he notado la poca atención que el sector foto-documental mexicano presta a la clase media y media-alta, dada su tendencia a la marginación social como marco temático –explica en la presentación de su ensayo, titulado Diario DeAntes. 1996-2003-. Dicha carencia motivó un cambio en el contenido de mis fotografías y encaminó esta propuesta hacia la búsqueda de un ensayo íntimo de mi privilegiado entorno. Sin afán de juzgar indago, con mirada cordial, en situaciones que representan la importancia que para mí tiene el formar parte de un círculo de personas unidas por la amistad”.
El trabajo de Dante ha sido casi colectivo. Ha explicado a sus amigos lo que quería contar, les ha pedido permiso para sobrevolar sus días con la recurrencia de una mosca, e incluso dejó su cámara a disposición para que quien quisiera la usara para tomar fotos. El primer tramo del trabajo –el que se exhibe en Nuestra Mirada- va de 1996 a 2003, es en blanco y negro, y está llevado a cabo con una 35mm pequeña y rápida. Luego hay una segunda etapa que va hasta 2005, ya en color.
Dante no dejó de pasar un solo día sin tomar fotos. Luego, ha reunido a sus amigos en forma periódica para proyectar las fotografías y, hacia el final, consensuar una edición. El sentido colectivo también llegó a su forma de difundir la obra. Dante lo hace principalmente a través de Flickr, una red social muy utilizada por los fotógrafos amateurs, pero muy desmerecida por los circuitos artísticos y profesionales.
- Para algunos autores, usar las redes sociales equivale a restar valor a la obra. Pero a mí me interesan estas redes, porque la gente que ve mi obra utiliza estas herramientas de comunicación. Además, me parece un ámbito más democrático que una galería de arte; creo que es interesante que todo el que quiera pueda verlo desde el monitor de su computadora.
- Es curioso el contraste: difundes tu obra mediante una herramienta que está por afuera de la élite artística, y a la vez este trabajo es sobre una élite. ¿Por qué elegiste trabajar sobre este grupo social?
- Porque creo que, generalmente, la fotografía de prensa y la documental, que es donde yo empecé, tiende a trabajar sobre temas exóticos, extraños, raros. Busca llevar a la gente a sitios desconocidos. Pero la explotación de la pobreza por la pobreza misma me parece que está completamente agotada como tema.
- La escuela mexicana de fotografía documental, la clásica, durante mucho tiempo vio a la pobreza como un medio de expresión, incluso de denuncia…
- Absolutamente. Pero creo que eso ya está. Ya pasó. Y seguir con eso ahora ya me parece demasiado. Me parece que la clase media y la clase alta no han sido o no están representados en una forma suficiente en la fotografía en México, y eso creo que es un indicador de que a la gente no le importa ver al otro. Salvo que sea exótico. Incluso yo, cuando empecé en fotografía, también buscaba este tipo de temas marginales.
Dante creció en una familia de clase media alta. Su madre es economista y su padre administra empresas. A pesar de su procedencia –o quizás, justamente, debido a ella- uno de los primeros ensayos que hizo Dante fue sobre una pandilla de la ciudad de Zamora, en el estado mexicano de Michoacán. Como muchas otras pandillas, ese grupo estaba relacionado con varios íconos de la marginalidad, entre ellos las drogas, la violencia, la cárcel y los tatuajes.
- Sentí que al fotografiar todo eso estaba exagerando. Que en un punto yo estaba buscando que el lector pensara que en esa pandilla eran todos malos. Y, en realidad, la mayor parte de su tiempo no estaban siempre en este éxtasis de pandillas, sino que estaban, como todo adolescente, aburridos y un poco enojados con la vida. Eran rebeldes, pero como no trabajaban ni iban a la escuela se juntaban a charlar, en vez de tener estas vidas súper emocionantes y peligrosas. Entonces, estuve mucho tiempo con ellos, hasta que empecé a sentir que cuando los fotografiaba en realidad estaba explotándolos. Yo venía de un contexto y de una vida totalmente distintos. Y eso me generó un conflicto personal. ¿Qué es lo que yo podía aportar a sus vidas?
- No encontrabas el punto de intercambio entre tú y ellos, ¿no? Y esa transacción es elemental en fotografía…
- Claro. ¿Qué podía darles a cambio? ¿Tenía yo derecho a hablar sobre algo de lo que yo en realidad no sabía nada? Fue ahí cuando me encontré con muchas dificultades para seguir fotografiando cosas que no tenían nada que ver con mi vida. Tiempo después, yo estaba en un taller con un fotógrafo de Magnum que nos dio a los alumnos un ejercicio. Yo tenía que fotografiar situaciones que tuvieran que ver con “comida”. Y así empecé a fotografiar mi vida cotidiana: mi madre, mi hermano, mi novia, mis amigos en situaciones relacionadas con el alimento. Ahí me di cuenta de que podía encontrar un sentido artístico a las cosas que yo tenía más cerca.
- Sentías que la relación ya no era tan despareja entre tú y tus amigos…
- Sí. Sentía que podía hablar sobre ese mundo desde la primera persona.
- ¿Encontraste elementos comunes entre la vida de este grupo y la de la pandilla?
- Claro. Creo que en algún momento la vida de todo el mundo puede ser emocionante y divertida y a veces también aburrida y un poco sosa. Pertenecer a una clase económicamente alta no indica que tu vida sea automáticamente divertida. Hay gente que está en la misma situación que estos chicos de la pandilla. Me refiero a la búsqueda, al vacío emocional, a los intentos por llenarlo. La diferencia tienen más dinero en el bolsillo. Y una casa bonita.
- Hablando de similitudes y diferencias: en tu página web reproduces una frase de Bernard Show:
“Cambiaría cualquier retrato de Cristo por una sola fotografía”. ¿Crees que existen “estratos” dentro de la administración de una imagen? ¿Es mejor una foto que una pintura?
- Considero que son herramientas diferentes. La frase es una especie de broma…
- Que incluye un planteo muy serio.
- Sí, claro. A ver: entre admirar un óleo bellísimo y ver una foto mala de Cristo, creo que la mayoría de la gente preferiría ver la foto. Aunque más no sea para quitarse de encima la curiosidad de su rostro. El valor documental de la fotografía es superior, desde ya.
- Hoy, con la inmensa cantidad de dispositivos que hay dando vueltas, cualquier persona puede “documentar” aunque más no sea de modo amateur. ¿Qué futuro le ves, entonces, a la fotografía documental clásica?
- No creo que esté por extinguirse. Pero sí creo que debe cambiar. Si quieres que tus fotos despierten un interés que vaya un poco más allá del público fotodocumental clásico, debes darle una vuelta de tuerca. Y, en ese sentido, es importante voltear la cámara hacia cosas que la gente no haya visto. Las clases medias y altas siguen siendo deudas pendientes de la fotografía. Por eso me parece tan importante girar un poco. Y mirar hacia allí.
Etiquetas: fotoperiodismo, Mexico DF, perfil, vida cotidiana
