
Nació en la Ciudad de México en 1959 y a los veintiún años inició su formación. Desde entonces, lleva realizadas 38 exposiciones individuales en todo el mundo y lleva ganados varios premios y becas de entidades como la Fulbright o el Mother Jones. En este caso, Eniac Martínez muestra a Nuestra Mirada su visión del Distrito Federal, conformada por una serie de imágenes captadas durante el rodaje de la película Vivir Mata, con guión del maestro Juan Villoro. Una charla a fondo con un creador que hace de la experimentación un método, y del trabajo un destino.
Por Pablo Corral Vega
- ¿Cómo te interesaste por la fotografía?
- Estudié artes plásticas y estuve un tiempo dedicado al grabado y al dibujo, pero me hacía falta salir de mi encierro, de ese trabajo tan interior. Mi curiosidad por otros mundos y otras situaciones me llevó a entrar en la fotografía poco a poco, casi sin pensarlo. En ella se conjuga el elemento plástico con la vida, con los viajes. Se fueron hilando las situaciones para que me metiera en la fotografía callejera, por no decir la fotografía documental o de reportaje, que es la que más me interesa. Ingresé al diario La Jornada en 1987. No es un trabajo que me interesó, pero es una buena escuela porque te fogueas y conoces mucha gente. Los fotoperiodistas son personas que están todo el día tomando fotos así que en esa escuela aprendes a resolver las situaciones. Me quedó esa cosa del rigor: hay veinte fotógrafos en un lugar y tratas de conseguir la mejor foto posible.
- Muchos de los grandes fotógrafos de México salen de La Jornada.
- Los que le dieron peso a ese periódico fueron Marco Antonio Cruz, Pedro Valtierra, y luego siguieron Fabricio León, Elsa Medina y Andrés Garay. Fue toda una generación. Muchos de ellos dejaron el fotoperiodismo y siguieron el camino del reportaje, lo que se llama ahora “fotografía de autor”. Han tenido una carrera buena, constante, son gente que está activa y haciendo nuevos proyectos. Yo tuve dos escuelas importantes. Una de ellas fue el fotoperiodismo durante el poco tiempo que estuve en La Jornada, y la otra fue el taller de los lunes que impartió Pedro Meyer.
- ¿Qué era el taller de los lunes?
- Era un taller al que nunca le pudimos encontrar el nombre. Nos juntábamos de forma muy relajada en el Consejo Mexicano de Fotografía. Era un muy buen grupo de gente, de allí salieron Gabriel Orozco, Rubén Ortiz, Pablo Cavado -un fotógrafo argentino muy bueno- Mauricio Rocha, Manuel Rocha, los hijos de Graciela Iturbide, Germán Herrar, Víctor Gayol y algunos nombres más que se me van.
- ¿Y que hacían en este taller?
- Era básicamente un taller de crítica, lo que importaba era llegar con fotografías nuevas, con proyectos, ponerlos sobre la mesa y aguantar la crítica de todos. En ocasiones había invitados. En una oportunidad fue Gilles Peres, porque Pedro Meyer tenía muchos contactos. Se hablaba de fotografía, pero no bastaba decir que una foto te gustaba, tenías que elaborar un discurso, explicar por qué tal o cual foto era relevante.
- ¿Tenía un énfasis documental?
- No, lo importante era tener algo que decir, porque había que discutir con personas como Gabriel Orozco o Rubén Ortiz -que eran más artistas- y otros como Pablo Cavado o yo, que trabajábamos en la calle. Creo que escuchar críticas constantes te obligaba a trabajar. No podías llegar los lunes sin fotos porque era una especie de competencia. Pedro fue un buen guía para todos, le interesaba la docencia. El setenta por ciento de los que participamos en ese taller seguimos activos en la fotografía. Unos son artistas, otros trabajan en moda, yo sigo en el reportaje. Con los años vas aplicando tus experiencias a tu trabajo fotográfico.
- Los ritmos del fotoperiodismo y los ritmos de la fotografía de autor son muy distintos. Uno de los problemas de quien está trabajando todo el día en el periódico o en la revista es que no tiene la libertad para explorar y para respetar sus propios ritmos interiores.
- En el tiempo en que trabajaba como fotoperiodista pensaba “qué hago, estoy pasando mi vida haciendo fotos que no me interesan. Si sigo tomando fotografías aisladas, nunca voy a tener un trabajo personal”. Entonces decidí ir a Nueva York, al ICP, a seguir varios talleres. A mi regreso, en 1987, hice mi primera película. La fotografia de cine ha sido un trabajo regular para mí. Ahora salió el libro de la película Babel de Alejandro González Iñárritu y tiene fotos mías. También ahora va a salir un libro de fotos mías de la primera película dirigida por Diego Luna. De hecho, lo que voy a mostrar en Nuestra Mirada es mi visión del DF en una película que se llamó Vivir Mata, con guión de Juan Villoro, dirigida por un gran documentalista que es Nicolás Echeverría. Me interesa usar al cine como un gran pretexto. El cine interviene la ciudad con su gente, sus fierros, sus equipos, sus disfraces. Trato toda esa estructura ficticia del cine como a un personaje más de la realidad.
This SlideShowPro photo gallery requires the Flash Player plugin and a web browser with JavaScript enabled.
- Si pierdes la capacidad de asombro lo pierdes todo.
- Todo. A mis alumnos les digo que no hay una sola forma de trabajar, el mismo proyecto te va exigiendo una determinada herramienta o técnica. Eso lo hace más divertido, más lúdico. Un artista vasco, Eduardo Chillida, un virtuoso desde pequeño, decía que cuando se dio cuenta de que dibujaba con demasiada facilidad con la mano derecha, empezó a dibujar con la izquierda. El dibujar con la otra mano le obligaba a ver. Trabajar con otro formato te pone en otras condiciones, te obliga a ver de una forma diferente. Por ejemplo, en mi nuevo proyecto sobre los ríos de México estoy haciendo un experimento: meto los rollos en el agua, los dejo un buen tiempo para que algo les pase, para que de alguna manera participe el río. Me imagino que las aguas de cada río, con diferentes químicos y diferentes grados de acidez, provocarán resultados distintos.
- ¿Qué les dirías a los fotógrafos jóvenes que están comenzando ahora?
- En primer lugar diría lo que decía un amigo músico venezolano: “Cuando empezamos a hablar de marcas de flautas dejamos de hablar de música”. Cuando hablamos de píxeles y de toda esa cuestión tan técnica que se escucha por ahí, dejamos de hablar de fotografía. La cuestión más importante es la imagen y cómo funciona. El qué quiero decir va a seguir siendo tan complicado como al principio de los tiempos. Puede haber una facilidad mayor, una audiencia mayor, si tú quieres, pero se ve mucha basura en ese ambiente de inmediatez. Yo diría que reflexiones acerca de lo que estás haciendo, que no te apresures en mostrar tu trabajo. Los aciertos los celebramos, pero los errores… te pesan, vives toda tu vida con ellos.
Etiquetas: cultura, entrevista, Mexico DF
