© Eduardo Pichulman, (1989), Comunidad Newen Ñuke Mapu.
Los primeros fotógrafos que se destacaron en territorio chileno en su gran mayoría fueron extranjeros, que con un afán ciertamente colonizador, retrataron paisajes, personas, costumbres y tradiciones. Al observar esas primeras imágenes de Frontera, en donde el sujeto se convierte en objeto de investigación o en trofeo de expedición, uno se cuestiona la facilidad con la cual la sociedad integra a través de la fotografía imágenes tipo, formularios listos para ser copiados, cada vez de manera mas precisa y con reglas estrictas de composición, iluminación, encuadre. La exposición correcta en el lugar indicado es la que muestra fidedignamente el ideario colonizador o turístico. De ahí y hasta hoy el tema de la imagen sin duda es una reflexión política y social. El objeto entonces no es solo la imagen, sino su circulación; el autor se debe hacer cargo de problematizarla, pues bajo esta premisa la fotografía ya no seria sólo soporte o recuerdo, sino el reflejo de un sistema social complejo.
El 6 de enero de 2009 se publicó en el cuerpo A del Diario el Mercurio de Santiago un reportaje dando consejos para postular a vacantes laborales, en ella habían cinco recomendaciones, una de ellas decía nunca adjuntar una fotografía al currículo: ¿es la fotografía como sistema de identidad la que discrimina?
En este sentido la fotografía sería la que provoca el delito. Un delito directo, certero y muchas veces anónimo; una fotografía que acepta sin resquemores el copy paste y la goma de borrar. La ausencia de imagen es la imagen que nos enjuicia. Uno es parte del sistema si es capaz de demostrarlo a través de fotografías: el retrato de la noche de matrimonio, el asado del fin de semana, las vacaciones, los cumpleaños, todos eventos de exaltación y de costumbres impuestas.
Qué sucede entonces con la cotidianidad? habría que ser capaz de fotografiar el alma o la evidencia, el abuso, la violencia, la trasgresión, la discriminación? Es esto exclusivo para el artista o para los medios de prensa, se trataría de la inmoralidad de la imagen? Que sucedería si el ciudadano entra en el terreno de documentar la cotidianidad y no solamente la escenificación de los hitos que lo constituyen a uno como buen ciudadano o como parte de un grupo determinado (esas millones de imágenes que inundan los fotologs, facebook, flickr que con un mismo patrón serian la nueva forma de tarjeta postal)? Que sucedería si esos archivos fueran conscientes, si cada uno de nosotros se convirtiera en antropólogo de su propia realidad, sin temor ni distancia. Que pasaría si le devolvemos la imagen a las minorías, a la pobreza, a la brutalidad, a la locura, a la violencia, esa imagen que se hurta día a día y que se interpreta según algunos pocos.
© Johana Gaete Rojas, (1976)
Comunidad Wekeche.
© Lidia Calficura, (1961), Identidad Huilliche, Comunidad Belisorio Lepileo. Sector Chauquen Alto, Comuna Panguipulli.
Los talleres de fotografía AIWIN (significado: imagen producida por la sombra, la sombra de los muertos o la imagen del espejo), pretenden hablar e instaurar una etno fotografía contemporánea como documento social, legitimando la imagen como sistema estratégico. La imagen interroga la realidad y en esa construcción posibilita una relación compleja entre documento y pertenencia. Que mejor que esas crónicas sean realizadas por los propios actores, los que conocen su tierra, sus costumbres, sus problemas, su causa. Esa imagen proveniente de la sombra es la propia historia de la fotografía étnica nacional y latinoamericana, como documento de representación y escenificación, hasta por los últimos hechos relacionados con la reivindicación del territorio. Estos talleres se basan en la necesidad de devolver la imagen entregando conocimientos técnicos y teóricos. Para ello se instalaron en tres comunidades mapuche oficinas provistas de 15 cámaras fotográficas Canon Power Shot A470, un computador PC y una impresora, con el fin de generar archivos autogestionados, autoeditados y auto producidos.
En vez de centrarse en el objeto de consumo hay que hacerlo en el de la comprobación, ya que el alcance que puede tener la utilización de la imagen es sustancial. La fotografía poniéndose nuevamente al servicio del cambio social, de la urgencia por resguardar y a la vez comunicar a través de los medios tecnológicos y la posibilidad de la red, como sistema globalizado.
Es aquí en donde el arte nos sitúa dentro de los límites de la existencia. Quizás el objeto de trabajo es intentar responderse si la fotografía es la criminal, no solo el espejo de la memoria o lápiz de la naturaleza sino la evidencia del existir.
Dentro de este contexto se trabajó durante nueve meses en el Centro Ceremonial Mapuche de Cerro Navia (comuna del sector poniente de la ciudad de Santiago), en el Consejo de Todas las Tierras en Temuco (con alumnos provenientes de toda la IX Región) y con los integrantes del grupo Aucalafequen de San Juan de la Costa (Osorno). Los talleres incluyeron clases de historia de la fotografía, composición, edición, reproducción de documentos, creación de blogs y edición de video, con el fin de poder entregar los conocimientos necesarios para formar fotógrafos que sean capaces de trabajar y construir espacios independientes de archivo, de creación de imaginario y de circulación de imágenes. Estos primeros resultados y las conversaciones generadas nos permiten concluir la importancia del proyecto, así como la urgencia de seguir generando redes de mediación tanto de conocimiento como de recursos.
© Claudio Sanhueza Cayul,
(1991) Comunidad Wekeche .
© José Luís Chaucono
Huenchuquen, (1989) Comunidad Folin Lawen.
El territorio simbólico que abarcaron los talleres es extenso y las comunidades muy diferentes. En Cerro Navia de trata del Mapuche Urbano, del MAPURBE, según palabras del poeta David Añiñir serian “los nietos de Lautaro tomando la micro¨. Esos mapuche que emigraron por un futuro mejor, en busca de oportunidades a la gran ciudad, sacrificando hasta el significado que lleva su nombre –hombres de la tierra–. En la periferia de Santiago se encontraron con la marginalidad. Empezaron a pisar en cemento, más duro e infértil que su añorada tierra, sus tradiciones y su cultura al servicio doméstico de hogares huincas, sus manos corroídas por el frío del trabajo nocturno en la “contru”. Ellos son discriminados hasta por su propia gente, pero les sigue aflorando el newen (energía). Los mapuches urbanos representan más de un 50% de la población indígena mapuche, batallan por sus espacios, por obtener subsidios habitacionales diferentes, celebran en rucas emplazadas en parques públicos sus nguillatunes o wetripantus e insisten en formar una universidad indígena; son orgullosos de sus apellidos y procedencia, juegan el palín y cocinan catuto. Paralelamente las nuevas generaciones arman su escenario frente a la ruca en el Parque Ceremonial Mapuche de Cerro Navia, cantando al ritmo del hip hop, visten ropa americana y marchan todos los años frente a la Moneda para reivindicar sus derechos. Los resultados del taller son profundos y transparentes, las imágenes hablan de humanidad y esfuerzo, del paso del tiempo a través de las generaciones, del respeto hacia las costumbres, de la marginalidad. Un grupo de alumnos creó el Comité de Audiovisión, organización encargada de registrar con el beneplácito de los mayores, las actividades y festividades para que los hijos, de los hijos, los nietos de Lautaro (D. Añiñir) tengan la posibilidad de conocer su cultura.
En el Aukiñ Wallmapu Ngulam o el Consejo de Todas las Tierras, organización mapuche dirigida por Aucan Huilcaman, la voz de aquellos que luchan por un auto gobierno, se realizó el segundo taller. Esta es zona de conflicto (palabra huinca, ya que ellos hablan de causa), son activistas que luchan no sólo por la reivindicación de las tierras, sino por la cosmovisión, el lenguaje, las tradiciones y la vida. Los temas para abordar son varios y las necesidades más aún. Bernardo Huaiquiñir proveniente de Lumaco debe levantarse a las 5 de la mañana para llegar al taller, luego de una travesía que parte en bus hasta Galvarino, luego por Cholchol hasta Temuco, pero sólo puede viajar los viernes y regresarse los lunes, pues el fin de semana no existe medio de transporte. “ Me interesa hablar sobre las consecuencias de las forestales en mi lof, en mi territorio, bajo Pellahuen, las forestales no han respetado el agua, han explotado lo nativo, que eso son las fuentes que generan vida, un ambiente limpio y sano. El agua es un problema de la región, escasea, a futuro va ser un problema grave, ya se ve que el agua no es de nosotros, el dueño es privado. Quizás después tendremos que comprar el agua… ¡ya se esta pidiendo agua para el verano, la municipalidad va a dejar agua con cloro a algunas comunidades, hace ya dos o tres años! Esto es grave! El responsable es la forestal porque han plantado cerca de los nacimientos de agua y a la vez han matado la medicina mapuche.¨O Folil Antilef“… En mi comunidad Huaiquilao Morales desde que yo nací ya estaban luchando por la recuperación de tierras, hasta hoy se sigue luchando sin ninguna respuesta coherente de parte de las autoridades. Con estas imágenes se ven las tierras indecisas, se podrían aprovechar cultivándolas o criando animales… cuando veo el horizonte siento las ganas de terminar la lucha… hacer mejoras del pasto para una lechería… tengo 18 años, estoy acostumbrado a vivir en la comunidad.. Es mi familia.” Personas de esfuerzo, sumidos en la pobreza por falta de trabajo, de tierras que cultivar, discriminados, pero que quieren vivir donde nacieron y que luchan por poder seguir cultivando la vida de sus antepasados, como gente de la tierra.
© Nicole Pérez Tornería, (1993) Comunidad Weftuy Taiñ Mapuche Newen.
Folil Antilao, (1990) Huenteche, Comunidad Huaiquilao Morales. Lautaro.
En el mundo de los huilliches el escenario es distinto, a pesar de tener básicamente las mismas necesidades, ellos son artesanos y músicos, su existencia media entre su pintura, su gastronomía, sus telares; el ejercicio de sus tradiciones es lo que más les urge concretar. Si bien las distancias hacen que cualquier tarea sea compleja, no flaquean en el empeño de caminar horas bajo la lluvia, si es necesario, con el fin último de ser la voz de los Huilliches. El taller es dirigido a los integrantes del grupo Aucalafquen, que nos dan la bienvenida entonando la canción nacional en Chesungun (la lengua de la gente). Las imágenes de su cotidianidad nos hablan de un territorio de esfuerzos, de pureza y de conexión directa con la tierra.
Las imágenes provenientes de la sombra son las que constituyen nuestro territorio, sin ellas no existe historia; estas fotografía aquí publicadas y sus autores lo evidencian. El registro de su cotidianidad, el resguardo de sus documentos, la puesta en valor de su mirada nos permite devolver la imagen.
(1&3) © Folil Antilao, (1990) Huenteche, Comunidad Huaiquilao Morales. Lautaro.
(2&4) Luisa Huenuman, (1994), Huenteche, Comunidad Juan Currin.
© Jimy Marilao, (1986), Comunidad Autónoma Juan Quintremil. Sector Pitrelahue. Comuna Padre las Casas.
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ola amigos mi nombre es folil antilao , la verdad yo participe de este taller y me gusto bastante. y me impreciona ver todo esto ahora, bueno los pasaba solo a saludar. jojojojo que paito este cabro ………..