Entrevista a Jorge Sáenz

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

La Mirada Transformadora por Fredi Casco
Fotografías de Jorge Sáenz

Cuando Jorge Sáenz llegó por primera vez a Paraguay para cubrir el golpe de estado que derrocó a Stroessner, afirma haberse enamorado casi inmediatamente de la luz que había.
Tras instalarse en el país, no solo se dedicó a realizar relevantes ensayos fotográficos sobre la realidad social, pero también se ha destacado desde entonces como activista y docente en el campo de la fotografía.

Cuando llegaste en el 89 para cubrir el Golpe de Estado ¿cómo encontraste la escena de la fotografía documental en Paraguay?

Cuando llegué -el 4 de febrero de 1989 a las 0.30 de la madrugada- me enamoré de la primera imagen que pude ver, pero no fotografiar. Uno prevé en estos casos que haya soldados y tanques en la frontera, en cambio, la única presencia militar que pude ver en la frontera fue la de un conscripto durmiendo bajo la luz de un farol, con el fusil en las manos.

El único contacto que tuve en ese momento con los autores locales, fue con los reporteros gráficos de los diarios asuncenos. Vi poco, porque estaba más preocupado por captar imágenes, noté sin embargo en los compañeros mucha precariedad (técnica sobre todo), pero también me di cuenta que no era responsabilidad de los reporteros exclusivamente, los medios daban escaso o nulo valor a las fotografías, su conservación en archivos, etc. Por ejemplo, no se ponía crédito a las imágenes publicadas (en algunos casos esto sigue siendo así hoy). Este hecho restaba un valor importantísimo, desde un punto de vista documental, pues eran y siguen siendo “documentos sin autor”.

Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

¿Crees que la casi ausencia de transformación social durante los casi 35 años de dictadura afectaron el desarrollo de una fotografía documental crítica?

Sin duda, desde el momento en que al dictador le molestaban los retratos, y sólo permitía que se le acercaran los fotógrafos oficiales, bajo estrictas medidas de control del material generado en cada ocasión. ¿Qué crítica es posible sin la libertad del autor?

Por otra parte, necesitamos un proyecto de exhumación de los archivos históricos de aquella época. Estoy seguro que más allá de la conciencia que tuvieran de ello estos autores, casi anónimos, habrá mucha materia que preservar, sobre todo si se miran estos archivos con una mirada contemporánea y consciente.

De todas maneras, la fotografía es una más de muchas disciplinas que pueden ser útiles a causas sociales y políticas. Tampoco hubo cine que hablara de la dictadura como se lo merecía. Medios de comunicación, que no podríamos calificar precisamente de izquierdas, fueron clausurados por resistir, aunque más no haya sido de manera tibia y coyuntural, como el caso del diario ABC o Radio Ñandutí.

¿Qué pasaba por ejemplo con las fotografías de represiones policiales, de manifestaciones contra el régimen, como las que se encuentran en Chile o en Argentina? ¿O la documentación de la vida en las zonas rurales marginadas? Te pregunto esto porque recién este año están saliendo a la luz pública -al menos en forma de libro- las fotografías que el padre Blanch realizara en los asentamientos de las legendarias “Ligas Agrarias”, en los setenta.

Si, y es muy importante que el padre Blanch publique ahora sus fotografías sobre estos temas, también pude ver buenas imágenes de Jesús Ruiz Nestosa en ese sentido, pero nunca había visto recopilación alguna sobre estos materiales históricos.

De todas maneras, yo particularmente no soy historiador, siempre estuve más preocupado en ser una parte de esa historia, más que en ser su relator, específicamente me refiero a la historia de la fotografía.

¿Y fuera del ámbito del fotoperiodismo? ¿Tampoco encontrabas esta mirada crítica, aunque fuera de manera solapada? Por ejemplo, en el grupo de fotógrafos que se formó entorno a la figura de Jesús Ruiz Nestosa en los ochenta…

Si hubo fotografías, y atrás de ellas autores como el propio Ruiz Nestosa, Juan Carlos Meza, Rosa Palazon, Carlos Bittar, Chiqui Velazquez, Juan Britos, Fernando Allen, entre otros. Allen incluso fundó la primera fotogalería del país… Lo que no hubo fue un trabajo sistemático de desarrollo de un discurso en forma de ensayos sobre tal o cual tema. Por lo menos yo no he podido encontrarlos publicados.

Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993.

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993.

Luego te estableciste en Paraguay durante un buen tiempo ¿Cómo ves esos primeros años de posdictadura en el terreno de la fotografía?

Creo que las libertades democráticas son un gran disparador de esta y muchas otras disciplinas. Son siempre hermosos los años que siguen a la caída de una dictadura, y este fenómeno lo he comprobado también en España después de la muerte de Franco, donde viví desde el 80 al 85. Se vive un momento de destape, y la represión viene después. Pero, también hay una incapacidad del nuevo régimen en transición para establecer los límites de la democracia, hasta adonde se puede llegar.

Paradójicamente, colaboró también la poca importancia que se le daba a la fotografía documental en el entorno del poder, como pude comprobar cuando decidí establecerme en el país. Había tan poca conciencia del aporte transformador del documento que era posible entrar prácticamente en cualquier lugar a hacer fotos, a veces sin solicitar permiso de autoridad alguna. Eso me permitió desarrollar los dos documentales más importantes de mi autoria, Rompan Filas, sobre las injusticias del Servicio Militar Obligatorio, y El Embudo, sobre la cárcel de menores.

También comenzaste a entrar en contacto con la escena local de la fotografía, no solo desde tu trabajo en el fotoperiodismo, pero también con otros fotógrafos, sobre todo con aquellos formados en la década anterior, como Carlos Bittar…

Carlos Bittar es casi una excepción dentro del panorama que podía verse por aquel entonces. Formado en esta disciplina, se podía ver que trabajaba siempre persiguiendo ensayos de largo aliento. El ensayo sobre el ferrocarril (Última estación) es una demostración clara de ello, pero también casi todo lo que ha producido ha sido de manera ordenada, con un principio y un fin, y sobre todo, reflejando su propia opinión sobre los temas tratados.
Ahora mismo veo también a muchos compañeros trabajando sistemáticamente un tema, tal es el caso de Juan Carlos Meza con sus panorámicas, o Luis Vera, que está reuniendo material propio de distintas épocas.

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993.

© Jorge Sáenz, de la serie Rompan Filas, 1993.

Muchos fotógrafos de esa época te reconocen como una importante influencia para ellos ¿Cómo se da esta relación y cómo creés que se da esa influencia?

Tal vez porque mi abuelo y mi padre han sido docentes durante toda su vida, llevo algo de eso en la manera de ser, siempre creí que mejor funciona la enseñanza cuando más generoso y comprometido con una disciplina es el maestro… y eso no tengo ni que pensarlo, sale solo. Cuando uno es capaz de darse a los colegas y compartir los pocos conocimientos de los que uno se siente seguro, la otra persona tampoco tiene problemas en abrirse al grupo y mostrar su trabajo.

En general me he llevado muy bien con autores nacionales y extranjeros que compartimos este escenario. Tuve varias experiencias docentes, cuando estuve trabajando como editor de fotografía en el diario ABC, les impartía un taller todos los jueves. Esto fue muy importante para algunos de los que trabajaban allí, ya que siempre me lo recuerdan.

Creo que fue hacia el 97 cuando fuiste de nuevo a vivir a Buenos Aires, y permaneciste ausente de esta escena durante cinco o seis años. Cuando regresaste a Paraguay ya había comenzado un nuevo siglo, también había otra gente que estaba usando la fotografía. De nuevo, ¿cómo encontraste este escenario de la práctica fotográfica, digamos, un poco más expandido?

Sin duda, noté el panorama fotográfico de Paraguay muchísimo más extendido, por las mismas razones que se extendió en todo el mundo, la digitalización, Internet… Por otra parte, quiero destacar que si bien mi especialidad es el documental, valoro mucho otras prácticas (”cruzadas” podríamos decir, y acercándose más al modelo de arte conceptual). Eso noté en varios autores, que habían estado desarrollando diferentes proyectos muy interesantes. Sin ir mas lejos, tu trabajo El Retorno de los Brujos, de exhumación e intervención de archivos fotográficos de época es una parte importante de esta línea; Javier Valdez y su retrato hablado es otro ejemplo, ya que cruza fotografía y video en una misma instalación.
Pero debo decir que es en este terreno donde se nota más retraso respecto de las mismas prácticas en otros países. Tenemos muchas limitaciones culturales a la hora de entender las cosas con un grado de mayor abstracción. Y lo más desgraciado es que viajamos muy poco como para aprender de otros afuera.

Casi inmediatamente comenzaste tus talleres de ensayo fotográfico. ¿Qué diferencias encontrás ahora con el trabajo de docencia que habías desarrollado en la década anterior?

Aclaro que los trabajos de enseñanza de la década anterior fueron casi anecdóticos y limitados a periodismo gráfico. Realmente comencé la práctica seria de la docencia a partir del 2000, en Buenos Aires. Tal vez no comencé antes porque no sentía de la misma manera la necesidad de aprender y de enseñar, estaba más preocupado por producir mi propia obra. Así que me forme dándolos, mirando para todos lados y leyendo mucho también, lo que me caía en las manos.
Con respecto a los talleres de ensayo fotográfico que estoy dándolos en Asunción desde el 2003, puedo decir que han pasado por él decenas de compañeros… y creo que a algunos les ha sido muy útil. Mi esfuerzo pasa sobre todo por tratar de ordenar y descubrir lo que cada uno quiere hacer con la fotografía y a partir de allí -y de algunos acuerdos básicos- empezar a trabajar de manera más consciente un tema determinado. En esto ayuda mucho también la discusión grupal. El orgullo más grande ha sido la publicación de un libro colectivo de ensayos sobre Asunción en el 2008: Asunción, documentos recientes.

Tan sostenidos han sido estos talleres de ensayo que coordinás desde el 2003 que fueron la base fundamental para la gran exposición “Click, Fotografía de Autor en Paraguay” (2007) e incluso para “El Ojo Salvaje, Mes de la Fotografía en Paraguay” (2008) ¿Creés que actualmente hay un escenario más propicio para el desarrollo autoral con respecto a hace diez años?

La serie de muestras que hemos hecho en estos años tuvieron mucho eco, han pasado por ellas miles de espectadores, ávidos de entender y participar.
Hay sobre todo más conciencia en los autores, pero el instalar esta valoración en el conjunto de la sociedad será una tarea de años en nuestro país.

¿Qué incidencia tienen las nuevas tecnologías de la imagen en el aumento de la práctica fotográfica?

Yo diría que es fundamental, ya que más gente la ve como una practica propia y se siente motivada a participar. La era en que el fotógrafo era considerado un maestro alquimista celoso de sus conocimientos ha terminado. La práctica masiva de la fotografía crea un campo propicio para el desarrollo de las peculiaridades que nos mostrarán el camino en el futuro. Sin duda también esto, en algunos aspectos, podría parecer una apología de la superficialidad, ya que millones de imágenes basura circulan en el ciberespacio y en los medios tradicionales, saturando nuestros sentidos… pero también se impone una educación y el saber distinguir y descartar.

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¿Creés que el rol de la fotografía puede ser reducido a “testigo privilegiado” de la transformación de las sociedades modernas, o puede tener un protagonismo más activo en los cambios sociales?

Los cambios sociales dependen exclusivamente de la movilización de los sujetos sociales. Pero para movilizarse hay que tener real conciencia de hacia adonde se quiere ir. Es ahí donde las distintas disciplinas del arte tienen una responsabilidad muy grande, en la formación de conciencia, una que nos permita movilizarnos. Por otra parte, los documentos fotográficos pueden, si son hechos con honestidad, ser una parte importante en la formación de conciencias, en forma de denuncia o simplemente poniendo un toque de atención sobre un problema determinado. A partir de allí, sólo es cuestión de que alguien recoja el guante. Pensemos sino en el Guernica de Picasso, en las fotos de Vietnam, en las de los fotógrafos chilenos durante la dictadura de Pinochet. Ellos no solo eran testigos, eran una parte fundamental de la lucha.

Pero, también sabemos que en muy contadas excepciones las fotografías que denuncian injusticias o exponen tragedias a través de los medios masivos de comunicación han desviado el curso de los acontecimientos, más bien han contribuido a un anestesiamiento general ante la hiperabundancia de imágenes circulantes.

El anestesiamiento es una política consciente de los medios masivos de comunicación, Nuestra propuesta es crear otros ámbitos donde se exhiba y respete la obra del autor tal cual este la concibe, y donde se generen también los ámbitos respectivos para la discusión de los diferentes temas expuestos. Por eso siempre es mejor menos que más.

Veo tal vez una excesiva “estetización de la miseria” en nuestra fotografía documental, estetización que para colmo sigue utilizando códigos demasiado clásicos, por lo tanto domesticados.

Todos somos libres de escoger la manera en que comunicamos lo que pensamos, no por ser mas estética una fotografía deja de hablarnos, muchísimas veces al contrario, miramos una fotografía porque nos impacta su estética y eso nos permite seguir el discurso del autor hacia un fin determinado. Antes que nada, hay que confiar en el discernimiento del que mira, no tratarlo como a un ignorante, que es lo que hacen normalmente los medios. Pero, sin duda la estetizacion de la pobreza es algo que juega en contra. Creo que la mirada directa y frontal de los problemas más graves es -sin negar por tanto una estética – más útil que los manierismos rebuscados.

¿Creés que se debe imponer un cambio de paradigmas en la fotografía documental, o incluso, un cambio en la mirada… un “ojo salvaje”?

El ensayo documental ha ido cambiando sobre todo en las ultimas dos décadas. Hay ensayos que documentan la propia vida del autor sin mas pretensiones que eso (menciono esto sólo porque evidencian cambios en los contenidos tradicionalmente tratados). Desde el punto de vista de la forma, creo que los cambios son y serán impuestos por la práctica e inventiva de autores. No creo que se pueda establecer en este espacio ningún nuevo paradigma de manera a que se tome por “un nuevo paradigma”.

A modo de experiencia propia comento que realicé un trabajo de pretensiones documentales mediante la cámara de un teléfono celular. Eso aportó mucha frescura a las imágenes, sobre todo porque la gente se siente menos agredida por un teléfono que por una cámara.

Creo que casi todos los esquemas comunicativos tradicionales se están cayendo y rompiendo en pedazos. Comenzando por el impacto de Internet y las redes sociales, que sirven de plataforma a millones de personas para intercambiar todo tipo de experiencias.

Hay cosas que de todos modos sería muy triste que cambiaran, para mí lo principal es la honestidad del autor en el tratamiento del tema. Nunca creí en la neutralidad del documento, esa pretendida neutralidad la sacan a relucir los propietarios de los medios cuando quieren taponar la libre expresión de los autores.

¿Qué pensás de la frase de Joseph Beuys “todo ser humano es un artista”?

Pienso que es verdad en la medida que se le den las herramientas; la división del trabajo ha conspirado en contra de ello, pero siempre estamos a tiempo para poner en práctica esa consideración.
En estos días, por ejemplo, realizo una experiencia muy rica: estoy asesorando a miembros de una comunidad indígena ache -solo quedan 1500 individuos de esta etnia siempre perseguida y cazada como animales en sus propios territorios. Consiguieron algunas cámaras y quieren formarse como documentalistas de su propia vida. Están muy comprometidos con ello y creo que llegarán a muy buenos resultados.

¿Y de esta otra, de Jonathan Littel?: “La cultura no nos protege de nada, la prueba son los nazis”.

Podría decirse que tiene toda la razón, los nazis solo expresan la derrota de una sociedad en su conjunto (por más que las victimas como siempre sean las más activistas).
Sin embargo, la cultura puede servir justamente para prevenir la llegada de esta situación extrema. Pero repito, la cultura es solo una herramienta más a ser tomada por parte de los sujetos sociales capaces de desarrollar los cambios que la sociedad necesita. La existencia de los nazis -y todas sus variantes aparentemente descafeinadas de la actualidad- son la prueba de la derrota de los trabajadores o la preparación de esa derrota. Hay que repasar a Bertold Brecht…

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Un comentario para “Entrevista a Jorge Sáenz”

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by Gabriel Benitez O., Natalia Daporta. Natalia Daporta said: entrevista al fotógrafo jorge saenz. buenísimas fotos s/ py http://bit.ly/58v1dK [...]

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